Pedro MATÍAS
OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- Con la exposición colectiva Pintores en la Estación de los artistas Luis Zárate, José Villalobos, José Luis García y Shinzaburo Takeda, se inauguró la Estación de las Artes 1450, un concepto donde confluyen las artes del libro y el diseño, en una editorial; la literatura, en una librería; y la plástica, en una galería.
El director de este complejo cultural, Cuauhtémoc Peña Vásquez, resaltó que Oaxaca, convertida en el epicentro cultural de México, en sitio y transcurso para la creación artística, abre un nuevo espacio dedicado a las expresiones creativas: 1450 Estación de las Artes.
“Para todos es conocida la relación que desde siempre ha existido entre la pintura y las letras y los grandes frutos que se han dado con pintores y escritores y en Oaxaca qué mejor ejemplo tuvimos con el maestro Francisco Toledo”, mención que generó aplauso entre quienes asistieron.
Resaltó que “las editoriales que abrió se hizo pensando en lo que hoy tenemos y agradecemos a los maestros que se han sumado a esta tarea para que los libros en Oaxaca sigan produciéndose para tener una literatura en Oaxaca, tan potente como su música, su pintura y como sus artes populares”.

Al maestro José Villalobos le pareció una iniciativa acertada y afortunada el ligar las letras con las artes plásticas, porque eso no es de ahora, tiene muchísimo tiempo de mantenerse en estos escenarios y en diversas circunstancias.
“A mi juicio, la historia ha llegado con material fotográfico como pictográfico producto de esa convivencia entre libros y pintura, entre escritores y pintores y sumarme a esto para mí es un agradecimiento y que nos lleve a un puerto que en nosotros estamos pensando, un lugar glorioso, un magnífico lugar para Oaxaca y un punto más de referencia en Oaxaca en esta convivencia entre la literatura y la pintura”.
Para el retratista, escultor y muralista José Luis García, “esta simbiosis no solamente es nuestra amistad sino lo maravilloso de esta simbiosis, que son los libros que nos hermanan a los pintores. Siento que este es un despertar, un renacimiento, otra vez”.

Y es que en estos tiempos de pandemia, dijo, “muchos tocamos fondo, muchos quedamos huérfanos, algunos nos quedamos sin amigos porque se fueron y nosotros tenemos la suerte de seguir vivos y de contarlo, pero estas tristezas del mundo nos tienen que hermanar justo como ahora”.
Considera que “cuando hemos sentido el miedo y la soledad a su máxima expresión, ahora, en este momento, es un hermoso pretexto para juntarnos tantito y valorar más el amor, la amistad, la solidaridad entre nosotros”.
“Algunos de nosotros sí nos afecta porque no hay ningún apoyo, ni nada, estamos solos, pero, ¿qué vamos a hacer? Vamos otra vez a unirnos como ahora, buscar una forma más de contar lo que está pasando porque, en verdad, el arte sí es una esperanza verdadera del hombre, no en panfletería, pero tiene que ir acompañada con mucho trabajo, no con dádivas sino con mucho trabajo, un artista se hace con trabajo, con conocimiento con ciencia y conciencia, un artista no está esperado dádivas, un artista tiene vergüenza, tenemos que trabajar duro para producir, el mundo es nuestra gente, nuestro pueblo nos necesita mas que nunca fuertes en todos los sentidos”, puntualizó.
Respecto a la obra que presenta en Pintores en La Estación, explica que “lo mío es una metáfora, es un cuento que me acaban de contar: Es un ángel que dicen que andaba siempre mirando el cielo, veía la Luna. Cuatro demonios lo seguían y lo veían que se quedaba mirando el fondo del mar y un día ese ángel desapareció, dijeron: este cabrón ¿qué fue a esconder? Alguien dijo, yo vi que siempre se tocaba el pecho cuando veía la Luna; ya sé, este cabrón se fue a esconder el amor, vamos a buscarlo. Y se fueron a buscarlo y subieron a la Luna y dijeron no, no, no, aquí no porque un día los hombres van a venir aquí y se lo van a llevar, y bajaron al fondo del mar y ahí andaban. No, aquí no, porque el hombre es muy cabrón y un día va a bajar hasta acá y se lo va a llevar y se fueron para el desierto y a los polos y no lo encontraron. ¿Saben dónde lo guardó?, en el fondo de su corazón guardó el amor y no lo encontraron, es eso lo que está aquí, es una metáfora”.
Y recordó lo que decía el escrito de Octavio Paz, todo aquel artista que no sepa usar la metáfora y transmutarla a su obra no debe ser artista.
José Luis García explicó que lo que presenta en esta exposición es un retablo con tres piezas en cerámica.
“Yo trabajo la tierra y tengo la suerte de abrevar a mi alcance esta la tierra, aprendí a jugar con ella y ahora es arte. Hay que trabajar mucho y entonces ese trabajo es producto de lecturas. El arte es disciplina, es producto de lecturas».
Mencionó que en el siglo XVI abrevaron de la cultura griega los artistas y nosotros abrevamos de los libros de antes y de los códices y de la cerámica antigua, ahora está la enseñanza y pude ver la escritura qué hicieron aquellas gentes, la forma de cocer, de quemar, de usar el fuego con la tierra, ahí está.
“Hasta ahora el conocimiento del hombre se sabe en el mundo entero que está en un pedazo de barro, le llamamos tepalcates nosotros, y ahí pueden ver el dibujo, la forma, el diseño y el conocimiento de aquella gente, esos son mis libros para mi, de ahí abrevé yo para hacer esto. Mi obra todo es de tierra y los mismos colores son de la tierra y ojalá que sobreviva 500 años, 800, no sé cuanto, pero sí es barro y seguramente que contará porque la historia del mundo de los hombres se conoce por su cerámica”, finalizó.
Luis Zárate (1951) es originario de Santa Catarina Cuanana, Oaxaca, y es devoto fiel de las culturas originarias de Oaxaca, incasable andante de sus caminos y veredas, encontró décadas atrás, en el arte popular y el conocimiento de la cosmogonía indígena, los veneros para una propuesta artística.

José Villalobos (1950) originario de Ciudad Ixtepec, es el artista más heterodoxo, un creador que se atrevió a zanjar la tradición instaurada por los principales representantes de la pintura del siglo XX en Oaxaca, al elegir para sus lienzos y esculturas, técnicas y estilos híbridos.
Shinzaburo Takeda (1934) originario de Seto, Japón, llegó a Oaxaca a principios de la década de los 70 del siglo pasado, aquí encontró una cultura y ambiente que definirían su propuesta artística hasta hoy. Heredero de la legendaria tradición gráfica japonesa, indiscutible en la caligrafía, la acuarela y el grabado.

Y José Luis García (1955) es originario de Huajuapan de León, Oaxaca, cuya obra ha trascendido en el país y el extranjero, con su trabajo recupera en técnica y temas la magnificencia del arte mesoamericano y su posterior mestizaje, a lo que suma un interés por la experimentación artística. Como maestro de la arcilla, su labor con el barro bruñido le ha hecho acreedor al reconocimiento como artífice de la nueva cerámica mexicana.
