Adrián Lobo
OAXACA, (pagina3.mx).- Independientemente de las complicaciones económicas que conlleva surtir el hospital de todo lo necesario, parece ser un proceso desordenado, caótico y eso es por decir lo menos.
Pero una cosa es obtener lo que se necesita y otra diferente es administrarlo, cada cual con sus dificultades propias.
Los errores, las omisiones, el descuido y la corrupción en ambas partes del proceso permiten que suceda que aún a pesar que muchos de estos insumos tienen una vida útil de hasta 3 años, haya cajas enteras de ellos que se echan a perder en el interior del almacén.
No solamente en el “Aurelio Valdivieso», en otros hospitales y en centros de salud ocurre lo mismo.
Imagino que aquí puede haber distintas situaciones.
Ingenuamente, si se quiere, se me ha ocurrido que podría suceder que un funcionario con habilidades para la negociación consiga alguna ganga, un buen lote de productos farmacéuticos a precio inmejorable, pero con un pequeño detalle: Están próximos a caducar.
Este tipo estima que podrán utilizarse antes de la fecha fatídica, así que cierra el trato.
Ya después olvida dar instrucciones para que este lote en particular se aproveche de inmediato, o no le da importancia o sus subordinados no le dan el seguimiento adecuado o alguna otra cosa sale mal.
El producto llega al almacén y cuando finalmente sale de ahí, ya no sirve.
También, cómo no, puede ser que un ejecutivo de ventas de algún laboratorio tenga instrucciones de vender cuanto antes ciertos productos que se le han quedado rezagados al fabricante.
Este individuo sabe que siempre puede contar con la disposición de algún representante del gobierno que acepte una jugosa comisión por aceptar hacer la compra de productos que muy probablemente no se van aprovechar. Y al funcionario le importa más la comisión (el soborno) que va a recibir.
En una empresa privada habría consecuencias tanto por hacer adquisiciones en forma desventajosa como por fallar en la conservación de los mismos. Seguramente incluso habría despidos.
Pero en el área pública no ocurre nada. No hay sanciones, nadie se responsabiliza y no se garantiza que no pueda volver a ocurrir.
Una tercera explicación del por qué ocurre algo como esto es un control deficiente del almacén o la carencia total del mismo, no parece que se siga una metodología ni en las adquisiciones ni en el control del almacén.
Al parecer hacen las compras como pueden y administran el almacén como quieren o al menos es la impresión que queda. No parece que revisen caducidades, que utilicen un método PEPS o que utilicen indicadores históricos. Tampoco parece que utilicen controles como existencias máximas y mínimas, existencia de seguridad ni ningún otro.
En promedio, la existencia de insumos suele ser francamente insuficiente o con algo de suerte, apenas suficiente. Pero si a eso le agregamos que no se aprovechan adecuadamente, el resultado es un desastre.
En una ocasión en que trabajadores sindicalizados realizaron un paro de labores para exigir mejorar el abasto en el hospital civil y demandar solución inmediata por parte de la Secretaría de Salud, por otro lado sacaron del almacén varias cajas de un material que no puedo precisar si eran bolsas de diálisis o recolectoras de otra especie porque se habían echado a perder y las tiraron a la basura.
¿Entonces qué ocurre? ¿Tenemos tanto material que hasta se nos echa a perder?, o ¿hay un estado de desabasto total?
Y no es para nada que sea mi intención defender a las instituciones.
Son de sobra conocidos los desfalcos que funcionarios corruptos han hecho no sólo a las áreas de salud sino al gobierno en general y, en última instancia, al pueblo mismo, a todos los niveles.
Pero creo que debe haber una corresponsabilidad de los trabajadores en tomar medidas (trabajar pues) para aprovechar al máximo los recursos materiales disponibles. Aquí se aplica un dicho que mi abuelita solía expresar: “Ser poco el amor… y desperdiciarlo en celos.”
