Pedro Matías
*Los que cuestionan la matanza de chivos para el mole de caderas es porque nunca ha pasado hambre
*El artista dijo que en Oaxaca hay que hacer del arte una industria y este libro profundiza sobre una parte de la cultura mixteca
*En Oaxaca todos presumen sus encantados y no hay libros de ello solo hay cuadernillos
*El libro se pretende presentar en Extremadura, España, lugar de donde trajeron los chivos a la mixteca de Oaxaca
OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- “No somos una cultura muerta ni algo antropológico, estamos aquí vivos y con una propuesta estética, plástica y ahora literaria”, afirmó el artista mixteco José Luis García al presentar a Pagina3.mx el Libro “Trashumancia, pastor y cabra: efímera compañía”.
El pintor, muralista, escultor y ceramista le apuesta al arte en sus diferentes expresiones, que para ello, Oaxaca se pinta solo la cultura
“Nosotros no tenemos industria como en el norte, es maravilloso ver cuanto trabajo tiene la gente allá y se da el lujo hasta de escoger, pero nosotros no tenemos eso, lo único que tenemos es el arte, entonces, nosotros del arte tenemos que hacer una forma de vida”.
Esto sin contar que “la industria contamina, destruye y prostituye y la cultura instruye y aquí le apostamos a la cultura, entonces, hagamos de la cultura una verdadera industria”, sintetizó el caballero “Corazón Púrpura”, condecoración que le otorgó la Academia de las Artes de Francia.
Al mostrar el libro Trashumancia, cuya primera edición consta de mil 200 ejemplares y en breve será presentado en la capital de Oaxaca al tiempo que se hacen los contactos con las autoridades del pueblo Bustablado y de la ciudad de Extremadura en España para ser expuesto porque de ahí provienen los animales caprinos que son el tema central de la obra.
La idea es hermanar a estas localidades de España con Huajuapan de León, Oaxaca, porque de ahí salió Hernán Cortés con los chivos que son los que perviven en la región mixteca donde se realiza la matanza de chivos para realizar el tradicional mole de caderas.
El artista autodidacta, originario de Huajuapan de León y creador del taller de artes y oficios “Polvo de Agua”, salió en defensa de la matanza de chivos que ha sido polemizada por la sociedad protectora de animales, de compartir la fiesta que significa para los mixtecos, de editar libros que dejen huella de la cultura y de hacer del arte una industria.
HAMBRE, SANGRE, FIESTA
Mientras se saboreaban unas tradicionales tlayudas frente a su galería en esta capital de Oaxaca, el maestro José Luis García, el escritor y editor Cuauhtémoc Peña y el diseñador gráfico Mario Lugos, comparten la experiencia de lograr un libro de excelente calidad con pasta dura como no existe ni de la Guelaguetza o de otras expresiones culturales que identifican a esta entidad pluricultural.
Al maestro José Luis García lo remontó a su niñez: Cuando era niño, tenía como cinco años, todavía no iba ni a la escuela o iba en primer año de primaria, recuerdo que iba con mi mamá y otras señoras, íbamos todos caminando cargando fruta y ropa que ya no te quedaba, zapatos o huaraches para hacer el trueque en la Matanza de Chivos.
Cierra los ojos y recuerda que era un casco de una hacienda como de 1910. Alrededor de la hacienda había unas casitas de varas y enramadas de jarilla que medio daban sombra. De ahí salía el humo y el olor de las tripas, hay una parte de las vísceras que les llamamos cuajo, la panza y eso lo estaban tostando ahí y lo cambiaban por pan, ropa, fruta. Te lo cambiaban mediante el trueque.
“Recuerdo que una vez entré a la matanza, eran como las tres de la tarde, era la hora que mataban, la hora del Ángelus. Entramos y las mujeres gritaban matador, matador y venia el hombre armado hasta los dientes de cuchillos, en la cintura y en la boca. Tú agarrabas tu chivo y él llegaba y le encajaba el cuchillo en el cuello mientras alguien lo sujetaba, pero el chivo cuando empieza a morir tiene mucha fuerza y se llega a soltar y yo estaba enfrente. El chivo brinco sobre de mi, yo nada mas vi todo rojo, todo rojo y me acuerdo que cuando desperté estaba yo acostado. Me desmayé. Desde entonces, siempre que veo sangre me desmayo”.
Hace memoria que los chivos llegaron a la Mixteca desde la época de la colonia a través del primer comendero Javier Luis de Velasco, quien llego con su esposa, sus dos hijitos y dos chivos. Llegaron del pueblo de Hernán Cortes, de Extremadura.
Desde entonces, dice, la forma de vida en la mixteca está intrínsecamente ligada a los chivos.
“Sí, dicen que son depredadores y muchas otras cosas dicen los ecologistas, pero nosotros que hemos sentido hambre no un día, muchos días y casi toda la vida de niños, teníamos hambre, es una forma de vida”.
“Me acuerdo que cuando llegaba la matanza, comíamos la sangre, nuestras mamás la sabían cocinar de muchas maneras, no sabes que delicia era comer eso. Las patas de los chivos, las cambiaban, luego las colgaban en la cocina, mi abuela tenía racimos de patas de chivo y ahí con el humo se iban ahumando esas patas y duraban meses y cada vez que querían frijoles con pata, bajan las patas y las metían al frijol, y sabía una cosa deliciosa.
Hasta ahora no sé si era el hambre pero eso tenia un sabor deliciosos, no he vuelto a comer frijoles como esos. Era el humo, era el hambre, era la niñez, no sé, pero era un manjar.
Reflexiona cuando escucha a la gente decir que son salvajes, pero qué son ellos cuando cortan una planta, los ecologistas o la gente que no come carne pero si come un rábano, pues tienes que matar un rábano para comértelo o un tomate, no entienden que es una forma de vida.
El escritor Cuauhtémoc Peña, quien junto con el diseñador gráfico Mario Lugos, dieron vida a “1450 Ediciones, Todos los libros de Oaxaca”, interrumpió al pintor al agregar que esta es una cadena alimenticia, una forma de comunicarse y de cómo y ha pervivido una cultura.
En el libro Trashumancia (cuya etimología latina se relaciona con humus, que se asocia a humano y a hombre, y con el prefijo “tras”, que señala el desplazamiento de un lado a otro) contienen importantes aportaciones como los que conforman la caravana de pastores que pasan todo el año pastoreando y tienen poca relación con la gente, se aíslan de tal manera que el mismo lenguaje se va deformando, algunos tartamudean o son semi mudos, porque solo se comunican con las cabras y ¿cómo se comunican? con chiflidos.
“Quisimos que el libro sea cultural y el detonante de esta percepción distinta de esta tradición para romper algunos paradigmas en el sentido de que sí la matanza como tal se defenestra mas, ya que existe el riesgo de que en cualquier momento cayeran grupos a evitar la matanza.
Insistió en que más allá de esa polémica, el libro puede saldar o salvar un poco eso porque se hizo un tiraje de mil 200 ejemplares en pasta dura y otro tanto en pasta blanda porque mucho se habla de las costumbres y tradiciones que dan vida a Oaxaca, pero poco se invierte en sus publicaciones.
Si buscas un libro que hable sobre las Velas del Istmo, la danza de la pluma o la misma Guelaguetza, lo que uno encuentra es un cuadernillo todo desatendido o tal vez un catálogo fotográfico cuando es necesario darle esa relevancia y esa dignidad.
Se regocijo que desde la mixteca, que no es la capital cultural, hayan dado muestra de lo que se puede hacer porque desafortunadamente “con los libros hay mucha mezquindad en la inversión, particularmente, en libros que tengan que ver con lo que es el arte y cultura de Oaxaca”.
El pintor retoma la conversación al insistir que “tenemos que hacer una industria con la cultura, con el arte, eso nos va a llevar a sobrevivir.
“Aún con todo tenemos educación, tenemos principios, una cultura profunda, tangible, está ahí. Tu puedes caminar y encuentras los rastros de la cultura, de la cerámica, de los dibujos que están en la cerámica, la estilización de los pájaros en tres líneas, es un gran conocimiento de una generación y de otra.
Todo eso corre por mi sangre, por mis genes, aquí hay lecciones de arte antiguo, lo único que tengo que hacer, es trabajar y trabajar para que aflore y compartir y adelantó:
“Ahora estamos viviendo una fiesta maravillosa a partir de este libro, pero la idea es qué hacer para que venga el turismo aquí, llenar los hoteles que haya empleo y todos salgamos beneficiados.
¿Qué podemos hacer?, “pues vamos a inventarnos vamos a recibir mil chivos a la entrada del pueblo este año, en la ciudad de Huajuapan, vamos a invitar a las mujeres y los hombres y los vamos a recibir con música, con cantos, con lo que se quiera”.
Considero que no es necesario disfrazarse, “hay que recibirlos como somos y vamos recibir los mil chivos y van a caminar todo el pueblo y van a bajar por la calle principal que se llama trujano para llegar al palacio municipal donde voy a pedir que un cura eche una bendición y echar cohetes y vamos bendecir los chivos para despedir a los chivos por su sacrificio. Eso significa, vida, es una renovación también. Yo no lo veo con horror la matanza de chivos, mas bien es una transmutación”.
Esta tradición es una cadena de beneficios alimenticios porque antes de llegar a la matanza, se rentan los montes, se contratan pastores, se compran siembras para darles de comer, se contratan matanceros y de ahí se alimentan a muchas familias con las vísceras, los que compran las pieles, los dueños y trabajadores de restaurantes.
Entonces, dijo, los que cuestionan esta tradición es que “no conocen la cultura ni vienen desde abajo, nunca han tenido hambre.
“Yo nunca comí chicharrón ni el mole de caderas cuando era niño, el acceso era a la sangre, a las vísceras, a las patitas”.
El chivo también sirvió cuando la Guerra Civil de España, en la Independencia y en la Revolución Mexicana sirvió para sobrevivir, entonces, qué ingratos seríamos nosotros de hablar mal de los chivos, al contrario estamos muy agradecidos con este animal.
Y este libro se hizo desde una perspectiva histórica, artística, económica, hay que conocer, antes de descalificar esto, hay que conocerla y conocerla desde distintas perspectivas, puntualizó.
Desde la fotografía de Estanislao Ortiz Escamilla, desde las esculturas del maestro José Luis García, la visión del cronista local Luis de Guadalupe Martínez, de los textos de Santiago I. Barragán Zamora y María Dolores Ramírez Sánchez, de la fotografía de la portada de José Ignacio Martínez y el cuidado de la edición de Cuauhtémoc Peña y Liz Hernández Peña, hacen de esta obra un libro de colección.
Hicieron hincapié que en esta obra contribuyeron en Ayuntamiento de Huajuapan de León, la familia González García Peral y el Patronato Casa Huaxuapa, Arte y Cultura.
Insistieron en que esto “no es un folclor, es la forma de hacer la vida. Que puede más la lucha por la vida que ponerte en una pose.
El libro será presentado en breve en el Centro Cultural San Pablo y posteriormente en Casa Lamm antes de partir a Extremadura España.
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